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EXPERIENCIA NÓMADA

La historia de un coloso de 5.3 toneladas que, tras ser desplazado por la modernidad, finalmente ha encontrado su camino a casa.

Más allá de la oxidación y el metal, la mirada de Emiliano Zapata sigue siendo la brújula moral de Morelos. Esta es la historia de un coloso de 5.3 toneladas que, tras ser desplazado por la modernidad, finalmente ha encontrado su camino a casa.

Bajo el sol inclemente del valle de Cuernavaca, el bronce no es solo una aleación de cobre y estaño; es memoria solidificada. La imagen que encabeza estas líneas, un primer plano del rostro del General Emiliano Zapata Salazar, captura algo más que los rasgos físicos del «Caudillo del Sur»: revela la tensión perpetua de un hombre que nunca bajó la guardia. Con su característico bigote ancho y los ojos clavados en el horizonte, esta efigie nos recuerda que, en Morelos, la tierra no olvida.

Sin embargo, pocos saben que este gigante de metal ha librado su propia batalla por el territorio, una odisea que refleja irónicamente la lucha agraria de su homónimo de carne y hueso.

La Génesis del Coloso (1979)

Para entender la magnitud de esta obra, hay que remontarse a 1979, año en que se conmemoró el centenario del nacimiento del revolucionario. El gobierno de Morelos encargó una tarea titánica a los escultores Carlos Kunte y Estela Ubando: forjar el espíritu de la Revolución en una estatua que dominara el paisaje.

Los Maestros del Bronce:Kunte y Ubando formaron una de las duplas artísticas más prolíficas de México. Juntos crearon no solo el monumento ecuestre de Zapata, sino también la emblemática Mujer de Tetelcingo (1981) y obras monumentales en estados como Guerrero, Puebla, Tabasco y la Ciudad de México. Su taller compartido fue durante décadas un refugio de creación ininterrumpida.

El resultado fue monumental. Con 5.3 toneladas de peso, 5.5 metros de altura y casi 10 metros de largo, la escultura ecuestre no solo era una representación física, sino una declaración de principios. Durante décadas, el monumento se erigió como el guardián indiscutible de la entrada norte de Cuernavaca, en la Glorieta de Buenavista. Allí, Zapata, montado sobre su caballo, recibía a los viajeros con una advertencia silenciosa: estaban entrando en tierra de libertad.

«No hay rebuscamientos en las formas de sus esculturas; ni juegos artificiosos que quieran engañar la mirada de sus interlocutores.» — Sobre la obra de Kunte-Ubando

El Exilio en su Propia Tierra

Pero la historia de México es cíclica y a menudo cruel con sus héroes. Con la llegada del siglo XXI y la voraz expansión urbana, el «Caudillo de Bronce» se convirtió en un obstáculo para el progreso de asfalto. La construcción del Paso Exprés y el distribuidor vial en la zona norte obligaron a desplazar al monumento.

Lo que siguió fue un periodo oscuro, un exilio simbólico. La estatua fue reubicada cerca de la autopista, en la avenida Vicente Guerrero, un lugar donde el ruido de los motores y el smog ahogaban su presencia. El héroe que luchó por la visibilidad de los campesinos quedó, paradójicamente, oculto entre puentes de concreto y el caos vehicular, «ahogado» por la modernidad que tantas veces combatió.

Los morelenses veían con tristeza cómo su símbolo más potente parecía relegado al olvido, un «nómada» forzado en su propia casa.

El Regreso al Corazón (Agosto 2025)

La historia, sin embargo, tenía preparado un último giro, digno de una epopeya. En agosto de 2025, en el marco del 146 aniversario de su natalicio, se tomó una decisión histórica: devolver al general al lugar que le corresponde por derecho.

En una compleja operación de ingeniería y logística coordinada por la Secretaría de Infraestructura del Estado de Morelos, el coloso de 5 toneladas fue trasladado desde su encierro en el Paso Exprés hasta el corazón político y social de la capital: la Plaza de Armas «General Emiliano Zapata Salazar», en el Zócalo de Cuernavaca.

La Hazaña Logística:El desmontaje inició el viernes 1 de agosto de 2025 a las 16:00 horas en Ocotepec, y la instalación frente al Palacio de Gobierno culminó en la madrugada del martes 5 de agosto. El traslado requirió mano de obra especializada, el apoyo de Caminos y Puentes Federales (Capufe), elementos de seguridad de Morelos, Cuernavaca y la Guardia Nacional.

La ruta del retorno fue simbólica: la estatua recorrió la carretera México-Cuernavaca hasta la salida de El Polvorín, bajó por la avenida Morelos e ingresó al centro por la calle Miguel Hidalgo. Cada kilómetro fue un paso hacia la restitución de la memoria colectiva.

Un Símbolo que Respira

Hoy, la imagen que ves —ese rostro severo y digno— ya no vigila coches a alta velocidad. Ahora mira de frente al Palacio de Gobierno, en el centro neurálgico donde se toman las decisiones. Su reubicación no es solo un movimiento físico; es un acto de justicia poética. Zapata ha dejado de ser un adorno de carretera para volver a ser el centro de la vida pública de Morelos.

Al observar los detalles de la escultura, uno puede apreciar la maestría de Kunte y Ubando. La textura rugosa del sombrero de palma de Tetelcingo, los pliegues del pañuelo al cuello y, sobre todo, esa mirada indómita. No es la mirada de un estatua inerte; es la mirada de la vigilancia eterna.

La nueva base, con siete metros de largo, cuatro de ancho y tres de altura, le otorga al monumento la presencia que siempre mereció. Desde ahí, el General continúa su guardia, recordándonos el lema que nunca se ha marchitado: «Tierra y Libertad».

Guía para el Viajero Nómada

Reflexión Final

En un mundo que cambia vertiginosamente, donde los ideales a menudo se diluyen como el agua entre las manos, el bronce de Zapata permanece inalterable. Nos recuerda que mientras haya injusticia en la tierra, el General seguirá cabalgando, ya no en las sierras del sur, sino en la memoria colectiva de un pueblo que se niega a olvidar.

«Visita el Zócalo de Cuernavaca y levanta la vista. El Centinela ha vuelto a su puesto.»

Cuernavaca